La República Dominicana ocupa la posición 64 entre 147 países en el más reciente informe global sobre bienestar, un resultado que evidencia que el crecimiento económico no se ha traducido plenamente en calidad de vida.
El dato proviene del World Happiness Report 2026, elaborado por el Centro de Investigación sobre Bienestar de la Universidad de Oxford junto a Gallup y la Red de Soluciones para el Desarrollo Sostenible de la ONU. El estudio se basa en encuestas donde los ciudadanos valoran su vida en una escala de 0 a 10, conocida como la "Escalera de Cantril".
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Factores que explican la brecha de bienestar
El informe identifica seis variables que marcan diferencias entre países: nivel de ingresos, apoyo social, salud, libertad individual, generosidad y percepción de corrupción. En el caso dominicano, varios de estos elementos muestran debilidades estructurales.
Aunque la economía ha crecido en los últimos años, amplios sectores no perciben mejoras reales en su día a día. A esto se suma la baja confianza en las instituciones, altos niveles de informalidad laboral y problemas de seguridad que afectan directamente la percepción de bienestar.
También influyen deficiencias en servicios esenciales como electricidad, transporte, salud y educación, factores que impactan de forma directa la vida cotidiana y amplían la distancia entre expectativas y realidad.
Comparación regional y desafíos
Dentro de América Latina y el Caribe, el país se ubica en el puesto 14 de 21, quedando por detrás de todas las naciones de Centroamérica. En contraste, Costa Rica se posiciona como líder regional y cuarto a nivel mundial.
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El informe deja claro que un mayor PIB no garantiza una población más satisfecha. Países con menor tamaño económico logran mejores resultados al ofrecer mayor cohesión social, seguridad y confianza institucional.
Este rezago tiene efectos concretos: reduce la productividad, incrementa la tensión social y limita la inversión, además de incentivar la migración de talento.
Más allá del crecimiento económico
El posicionamiento no apunta a un fracaso económico, sino a un reto de desarrollo. El país ha avanzado en términos macroeconómicos, pero enfrenta dificultades para convertir ese progreso en bienestar tangible.
Señala Temístocles Montás que la evidencia sugiere que las políticas públicas deben enfocarse en mejorar la calidad de vida, fortalecer instituciones y reducir desigualdades. No basta con crecer: el desafío es lograr que ese crecimiento se refleje en la vida de la gente.
