El PRM ve en su unidad, un triunfo por encima del rechazo a la actual gestión

El Partido Revolucionario Moderno (PRM) intenta convertir la unidad interna en su principal activo político de cara al ciclo electoral de 2028, en un momento en que el Gobierno de Luis Abinader enfrenta señales de desgaste y una ciudadanía más crítica frente a problemas como el costo de la vida, la seguridad y la situación económica.


Foto grupal de líderes políticos del PRM trajeados en evento masivo


La elección por consenso de la nueva dirección del PRM, encabezada por Abinader como presidente del partido, fue presentada por la organización como una demostración de cohesión y madurez política. La plancha unitaria fue escogida el pasado 9 de agosto durante la Asamblea Nacional de Delegados, con Juan Garrigó Mejía en la Secretaría General y Gloria Reyes en la Secretaría Nacional de Organización.


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El resultado tiene una lectura política que trasciende la renovación de los cargos partidarios: el oficialismo logró evitar, al menos por ahora, una confrontación abierta entre las principales figuras que gravitan alrededor de la sucesión presidencial.


Ese factor adquiere especial importancia porque Abinader no podrá optar por una nueva candidatura presidencial en 2028. Su nuevo papel como presidente del PRM lo coloca, en consecuencia, en el centro de la tarea de administrar las aspiraciones internas y mantener cohesionada una organización que deberá defender el poder sin contar con la candidatura presidencial del actual mandatario.


Unidad del PRM frente al desgaste de gestión de Luis Abinader

La apuesta del PRM se produce mientras las encuestas muestran una realidad más compleja que la imagen de fortaleza que procura proyectar el oficialismo.


Una medición de ACD Media publicada en julio encontró que el 51 % aprobaba la administración de Abinader, frente a un 44 % que la desaprobaba. Sin embargo, el contraste resulta más pronunciado cuando se evalúa al gabinete: apenas el 32 % calificó positivamente el trabajo de los funcionarios, mientras el 58 % lo consideró malo o muy malo.


El dato revela una separación entre la valoración del presidente y la percepción de la gestión gubernamental. Abinader conserva un capital político propio, pero una parte importante del desgaste se concentra en el desempeño cotidiano de la administración.


La encuesta también mostró que el 52 % de los consultados considera negativa la situación del país. El costo de la vida continúa entre las principales preocupaciones ciudadanas, acompañado por la delincuencia y la inseguridad.


Por eso, la unidad partidaria puede representar para el PRM una ventaja organizativa, pero no necesariamente resuelve el problema central del oficialismo: convencer a los ciudadanos de que la gestión puede responder a sus principales preocupaciones.


Un PRM unido, pero con competencia interna

El consenso alcanzado en la dirección partidaria tampoco elimina la competencia por la candidatura presidencial.


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Los resultados de una encuesta Gallup-RD publicada en mayo mostraron que David Collado encabezaba las preferencias entre los simpatizantes del PRM con 61.8 %, seguido por Carolina Mejía con 21.1 %.


Otra medición nacional realizada por ABC Marketing en febrero colocó igualmente a Collado como la principal figura del oficialismo en un escenario presidencial de 2028, aunque Carolina Mejía aparecía también como una de las principales alternativas. En ese estudio, el 39.1 % consideraba que el PRM ganaría las próximas elecciones presidenciales.


La fotografía evidencia el reto que tendrá Abinader desde la presidencia del partido: mantener la competencia interna dentro de los límites de la unidad y evitar que las aspiraciones personales terminen convirtiéndose en fracturas.


Ese riesgo ya ha sido señalado desde las propias filas oficialistas. Durante la celebración del aniversario del PRM, Deligne Ascención advirtió que las aspiraciones son legítimas, pero que una fractura interna podría conducir a la derrota.


El rechazo a gestión de Abinader existe, pero no domina el escenario

Presentar la situación como un rechazo mayoritario a la gestión de Abinader requeriría matices.


Las mediciones recientes no muestran un escenario de desplome del mandatario. La encuesta de ACD Media de julio registró una valoración positiva de su gestión de 50 %, frente a 47.9 % negativa. En cuanto al Gobierno, la aprobación fue de 51 % y la desaprobación de 44 %.


Más recientemente, una medición de AtlasIntel reportada en agosto situó la aprobación del Gobierno en 55.5 % entre quienes expresaron una opinión definida y en 52.1 % cuando se incluye al conjunto de encuestados.


La conclusión, por tanto, es menos contundente pero políticamente más interesante: el PRM no enfrenta necesariamente un rechazo mayoritario a su Gobierno, sino un desgaste que convive con una base importante de respaldo.


Esa diferencia puede ser decisiva rumbo a 2028.


El desafío será convertir la unidad en resultados


El oficialismo tiene ahora una ventaja que la oposición todavía intenta construir: una estructura partidaria que llega al nuevo ciclo con sus principales corrientes integradas en una dirección común.


La elección de Abinader, Juan Garrigó y Gloria Reyes bajo una plancha unitaria permitió cerrar el proceso de renovación sin una disputa pública de alto costo. Hipólito Mejía, por su parte, destacó la unidad y la madurez mostradas por la organización durante la escogencia de las nuevas autoridades.


Pero la unidad por sí sola no garantiza votos.


El PRM tendrá que demostrar que puede transformar esa cohesión interna en una respuesta efectiva a las demandas ciudadanas. La economía familiar, el costo de los bienes y servicios, la seguridad y la calidad de los servicios públicos seguirán siendo factores determinantes en la evaluación del Gobierno.


La propia encuesta Gallup-RD de mayo expuso esa contradicción: mientras el 51.7 % consideraba a Abinader un "buen presidente", un 36.9 % lo calificaba como "mal presidente". Al mismo tiempo, áreas como seguridad ciudadana, reducción de la pobreza y control de la deuda pública registraban niveles importantes de evaluación negativa.


La batalla de 2028 comienza dentro del PRM

Con Abinader impedido constitucionalmente de buscar un tercer mandato, el partido oficialista entra en una etapa distinta. La prioridad ya no es reelegir al presidente, sino preservar el poder mediante una candidatura que consiga heredar el respaldo de la organización y, al mismo tiempo, desprenderse de los costos acumulados de la gestión.


Ahí está la verdadera importancia de la unidad alcanzada en agosto.


Si el PRM logra mantener cohesionadas a sus principales figuras y consigue mejorar la percepción sobre el Gobierno, llegará a 2028 con una estructura competitiva y con posibilidades de transferir parte del capital político acumulado durante los dos mandatos de Abinader.


Si, por el contrario, el desgaste gubernamental aumenta y las aspiraciones internas comienzan a imponerse sobre el proyecto partidario, la unidad exhibida en la convención podría terminar siendo solamente una fotografía temporal.


Por ahora, el PRM apuesta a que la cohesión será más poderosa que el desgaste. Las encuestas sugieren que todavía existe una base electoral suficiente para sostener esa apuesta, pero también advierten que el margen no es ilimitado.


La nueva dirección tiene cuatro años de mandato partidario, pero mucho menos tiempo político para demostrar que la unidad no es solamente un acuerdo entre dirigentes, sino una estrategia capaz de convertir el control del partido en una nueva victoria electoral.

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