La República Dominicana ha recibido una noticia de gran importancia: según The State of Food Security and Nutrition in the World 2026 -SOFI 2026-, de la FAO y otros organismos de las Naciones Unidas, la prevalencia de la subalimentación en el país descendió por debajo del 2.5 %, permitiéndole salir del mapa mundial del hambre. Se trata de un logro que debemos reconocer y valorar. Sin embargo, también debe conducirnos a una pregunta más profunda: ¿Podemos afirmar que el problema del hambre y la pobreza está resuelto porque el país ha salido del mapa del hambre?
La respuesta debe ser cautelosa. Salir del mapa del hambre no significa que la pobreza ni la inseguridad alimentaria hayan desaparecido. El hambre, la pobreza monetaria y la capacidad de adquirir una dieta saludable son fenómenos relacionados, pero diferentes.
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Evolución de la pobreza monetaria
Los datos muestran una evolución favorable. Según las cifras oficiales y avaladas por los organismos internacionales, la pobreza monetaria general pasó de 19.0 % en 2024 a 17.3 % en 2025, y descendió hasta 15.4 % en el primer trimestre de 2026. Sin embargo, persisten diferencias importantes. En ese período, la pobreza rural alcanzó 18.8 %, frente a 14.8 % en las zonas urbanas.
Esta diferencia demuestra que los promedios nacionales, aunque importantes, no cuentan toda la historia. Detrás de una reducción de la pobreza promedio existen hogares, comunidades y territorios que todavía enfrentan mayores dificultades para generar ingresos y satisfacer sus necesidades básicas. Por tanto, el desafío no consiste únicamente en continuar reduciendo el porcentaje nacional de pobreza, sino también en cerrar las brechas territoriales y sociales que persisten.
Ingreso y costo de vida: el punto clave
Aquí encontramos una de las principales situaciones preocupantes de la realidad económica dominicana. Según las cifras del Banco Central, para Julio de 20261, la canasta familiar nacional alcanzó aproximadamente los RD$49,613.15 mensuales, aunque su costo varía significativamente entre regiones:
- RD$57,053.48 en la región Metropolitana.
- RD$47,458.17 en el Cibao.
- RD$46,321.65 en el Este.
- RD$39,997.41 en el Sur.
La diferencia entre la región Metropolitana y el Sur supera los RD$17,000 mensuales.
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Este dato es importante porque evidencia que el costo de vivir dignamente no es igual para todos los dominicanos, y que las diferencias territoriales deben formar parte del análisis de pobreza y bienestar.
Por otro lado, según el Boletín de Pobreza Monetaria del Ministerio de Hacienda y Economía2, con base en cifras oficiales del Banco Central, el ingreso nominal promedio mensual per cápita de los hogares fue de RD$20,192.10 en 2025, lo que representó un incremento nominal de 10.3 % respecto de 2024.
Pero este dato requiere una lectura cuidadosa. El ingreso per cápita no debe compararse directamente con el costo de una canasta familiar, porque corresponden a unidades diferentes: uno está expresado por persona y el otro representa el costo de un conjunto de bienes y servicios para un hogar. Si utilizamos como referencia un hogar de 2.93 personas, el ingreso per cápita mencionado equivaldría, únicamente como ejercicio ilustrativo, a unos RD$58,557 mensuales por hogar.
Es fundamental aclarar que esta cifra no representa necesariamente el ingreso efectivo del hogar promedio. La realidad de las familias es mucho más compleja. El ingreso depende del número de personas que trabajan, la informalidad laboral, la cantidad de dependientes, la composición familiar, el territorio donde viven y, especialmente, la distribución del ingreso.
Por eso, la pregunta fundamental no es solamente: ¿Cuánto gana, en promedio, un dominicano? La pregunta realmente importante es: ¿Cuántos hogares dominicanos tienen ingresos suficientes para cubrir de manera sostenible sus necesidades básicas? Ahí se encuentra una de las claves para comprender la diferencia entre crecimiento económico y bienestar económico.
Fuera del mapa del hambre, pero ¿ tienen los dominicanos una alimentación digna?
El SOFI 20264 estima que en 2025 el 7.8 % de la población mundial padeció hambre, mientras que República Dominicana logró situar su prevalencia de subalimentación por debajo del 2.5 %. Este resultado coloca al país en una posición favorable dentro del contexto regional y mundial y representa un avance que merece ser reconocido. Pero el desafío actual es más amplio.
El informe estima que aproximadamente 2,100 millones de personas experimentaron inseguridad alimentaria moderada o grave y que unos 2,690 millones no pudieron costear una dieta saludable. Esta realidad obliga a ampliar nuestra perspectiva. No basta con evitar el hambre; debemos garantizar una alimentación adecuada, nutritiva y accesible.
Una persona puede no encontrarse técnicamente en situación de subalimentación y, sin embargo, tener dificultades para adquirir proteínas, frutas, vegetales y otros alimentos necesarios para mantener una dieta saludable.
Por eso, salir del mapa del hambre es un logro, pero no es la meta final. El siguiente paso debe ser garantizar que las familias no solamente tengan suficientes alimentos para evitar el hambre, sino que puedan acceder a una dieta saludable y nutricionalmente adecuada.
El próximo desafío: convertir crecimiento en bienestar
República Dominicana ha demostrado que puede crecer, reducir la pobreza y disminuir significativamente la subalimentación. Ahora debemos dar un paso adicional: convertir esos avances macroeconómicos y sociales en bienestar sostenible para la mayoría de los hogares.
Para ello se requiere:
Más empleos formales y mejor remunerados, que permitan a las familias depender menos de ingresos precarios.
- Mayor productividad, capaz de generar incrementos sostenibles de los salarios reales.
- Reducir el costo de los alimentos saludables, especialmente para los hogares de menores ingresos.
- Atender con mayor prioridad la pobreza rural y las desigualdades territoriales.
- Fortalecer las políticas de protección social para los hogares más vulnerables.
- Medir el bienestar más allá del PIB, incorporando empleo, salarios reales, costo de vida, pobreza, nutrición, desigualdad y calidad de vida. Porque una economía puede crecer y, al mismo tiempo, mantener importantes sectores de la población enfrentando dificultades para satisfacer sus necesidades esenciales. El crecimiento económico es indispensable. Pero el crecimiento, por sí solo, no garantiza bienestar.
Conclusiones
- La República Dominicana ha dado pasos importantes. Salir del mapa mundial del hambre y reducir la pobreza monetaria al 15.4 % son avances que debemos valorar. Pero no debemos confundir un avance estadístico con la culminación de la tarea. Ahora debemos aspirar a más.
- Salir del hambre es un logro; garantizar una vida digna debe ser nuestra verdadera aspiración. Esto significa que cada familia pueda disponer de ingresos suficientes para satisfacer sus necesidades esenciales; que los trabajadores reciban remuneraciones compatibles con el costo de vida; que nuestros niños tengan acceso a una alimentación nutritiva; y que las diferencias sociales y territoriales continúen reduciéndose.
- No se trata únicamente de cuánto crece el PIB, sino de cuánto de ese crecimiento llega a los hogares en forma de empleos dignos, mejores salarios, mayor capacidad de compra, alimentación adecuada y mejores oportunidades. Porque una economía verdaderamente exitosa no es aquella que solamente produce más. Es aquella que logra que la mayoría de sus ciudadanos viva mejor.
- El próximo reto es convertir esos avances en bienestar sostenible, mayor equidad y una mejor calidad de vida para todos los dominicanos.
Por Edita Rodríguez, MGP
