Mientras el debate sobre el control de armas sigue dividiendo a la sociedad estadounidense, las estadísticas reflejan una realidad alarmante: miles de personas han perdido la vida por disparos en apenas cinco meses y el país continúa siendo el único del mundo donde las armas civiles superan en número a la población.
Entre enero y mayo de este año, Estados Unidos acumula 16,187 fallecidos por impactos de bala y 9,427 heridos, algunos de ellos en condición crítica, de acuerdo con datos del Archivo de Violencia Armadas (GVA) y proyecciones de Everytown Research.
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La magnitud del fenómeno alcanza a todas las edades. Los registros incluyen 92 niños de entre 0 y 11 años fallecidos y 167 heridos. En el grupo de adolescentes de 12 a 17 años, las víctimas mortales ascienden a 343, mientras que otras 1,020 resultaron heridas.
La violencia armada también golpea a las fuerzas del orden
Los incidentes registrados durante este período dejaron además 22 agentes de la policía fallecidos y 124 heridos, reflejando el impacto de la violencia armada más allá de la población civil.
Las cifras se producen en un contexto donde la Segunda Enmienda de la Constitución de EE. UU. protege el derecho de los ciudadanos a poseer y portar armas, un tema que mantiene abierto uno de los debates más sensibles de la política estadounidense.
El suicidio con armas agrava la crisis
A la violencia vinculada a hechos criminales se suma una emergencia silenciosa. Las tendencias de salud pública indican que unas 73 personas mueren cada día por suicidio con arma de fuego en Estados Unidos.
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Esa proyección equivale a aproximadamente 10,950 fallecimientos durante los últimos 150 días, consolidando el acceso a armas como uno de los principales desafíos de salud pública en el país.
Un estudio de Small Arms Survey (SAS), con sede en Suiza, sostiene que Estados Unidos sigue siendo una excepción global al registrar más armas civiles que habitantes, una característica que no se replica en ninguna otra nación.