Un terremoto de gran magnitud podría exigir una respuesta inmediata en la República Dominicana, por lo que especialistas plantean fortalecer la preparación de las familias, los sistemas de alerta y la coordinación de las instituciones antes de que ocurra una emergencia.
Entre 15 y 50 segundos para reaccionar
El geólogo Osiris de León explicó que la actividad tectónica mantiene un riesgo permanente en el Caribe. La placa del Caribe acumula energía elástica debido a su movimiento y, eventualmente, esa energía debe liberarse.
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La tecnología puede ofrecer un margen limitado, pero útil. Los sensores sísmicos detectan primero las ondas P, que llegan antes de las ondas secundarias asociadas con los efectos más destructivos.
Según la distancia respecto al epicentro, una red de sensores podría generar entre 15 y 50 segundos de anticipación. Ese tiempo permitiría activar protocolos, detener determinados procesos y adoptar medidas para proteger a la población.
El subdirector del Centro de Operaciones de Emergencias (COE), Edwin Olivares, sostuvo que la preparación no puede quedar exclusivamente en manos de los organismos de emergencia.
El plan familiar pasa a ser parte de la respuesta
Olivares llamó a cada ciudadano a establecer junto a su familia un plan familiar de emergencia. La experiencia de otros países afectados por terremotos, explicó, demuestra que la población tiene un papel determinante durante los primeros minutos.
El COE ya realiza simulacros nacionales y ejercicios de preparación, mientras las instituciones públicas cuentan con protocolos para enfrentar terremotos y otros eventos de gran magnitud.
Los especialistas plantearon, además, mejorar la coordinación entre organismos nacionales e internacionales y continuar desarrollando sistemas de alerta temprana.
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El riesgo de tsunami también requiere preparación
Olivares advirtió que los protocolos no deben concentrarse únicamente en tsunamis originados lejos del país. Una amenaza generada localmente podría desarrollarse rápidamente sin dar tiempo a esperar boletines provenientes de centros regionales.
La conclusión de los especialistas es que la República Dominicana ha avanzado en gestión de riesgos, pero necesita elevar la preparación comunitaria y la capacidad de respuesta para reducir las pérdidas humanas y materiales ante un eventual gran terremoto.
