Juan Pablo Duarte decía que la política no era una especulación, sino que era la ciencia más pura y digna después de la filosofía, que era su predilecta. Aunque esto se vea desvirtuado en ocasiones, yo suelo ser cónsono con este gran pensamiento duartiano, pues la política busca organizar la sociedad de manera justa, procurando el bien colectivo, estableciendo normas destinadas a la buena administración de los recursos públicos, responsabilidades de los ciudadanos, interés público, voluntad popular y oportunidades en general.
En la actualidad se tiende a definir la política indistintamente a los proselitismos políticos, que, aunque estén relacionados muy íntimamente, no son lo mismo. El proselitismo es una parte de la política que trata de la actividad realizada por una persona o por un partido político, con miras a lograr convencer a otras personas para que apoyen su candidatura, organización o ideología.
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En la República Dominicana, para acceder al poder público, es necesario un proselitismo intenso; esto se debe a que, al ser un país en vías de desarrollo, aunque las redes sociales son efectivas para un grupo, la inmensa mayoría nacional no suele ser muy diestra para estos menesteres digitales, razón por la cual los candidatos y partidos políticos tienen que dirigirse a las localidades más recónditas a presentar sus proyectos aspiracionales. Tanto así que el actual presidente de la República, Luis Abinader Corona, expresó en una icónica entrevista que, para poder soportar las inclemencias del agotamiento y la fatiga física, debía ingerir uno que otro suplemento vitamínico.
En todos los países en donde se accede al poder público por medio del sufragio popular, es un requisito sine qua non agotar los procesos de publicidad, proselitismos, compromisos, traslados, mítines interminables, conformación de estructuras, etc. Hay quienes pretenden acceder al poder obviándolos, valiéndose de abolengos y jovialidades, quienes desconocen las intemperies en las que se incurre para lograr un puesto electivo, para quienes no toman como referentes a sus antecesores políticos, tales como José Francisco Peña Gómez, que se mantuvo en estos menesteres casi en su lecho de muerte; Joaquín Balaguer, que perduró en este camino hasta la senectud; Juan Bosch, ejemplo de persistencia y trabajador incansable, de un espíritu lozano hasta su último aliento.
En un país de una extensión territorial de aprox. 48 mil km², con una conformación política de 31 provincias y un Distrito Nacional, es considerado un país pequeño en territorio, aunque grande en corazón, hay que recorrer todos los rincones para dar a conocer un proyecto político. Ahora bien, no es igual un proyecto provincial o en el Distrito, donde este último tiene una extensión de 91.6 km², que un proyecto nacional, esto deja la enseñanza a los aspirantes que han padecido agotamiento físico y fatiga por dos visitas al interior del país, que les espera un largo y pedregoso camino que recorrer, y a los que los aspiran cabe inquirirles: ¿Es apta para dirigir las cuestiones de Estado, nacionales e internacionales, una persona que no puede recorrer ni dos provincias de las 31?; ¿Una persona que no ha iniciado ni el proceso interno de su partido y ya no puede levantar los pies?; ¿Qué aún no ha iniciado el recorrido nacional y ya da luces de falta de compromiso y responsabilidad, al no saber cuán grande es el Estado que pretende dirigir?
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Puede ser que haya quienes entiendan que su apellido y popularidad mediática sean suficientes para ostentar la presidencia de un país. Quienes, rodeados de vítores, lisonjeros y los famosos «yes, sir», se hayan dejado influenciar y hayan ignorado sus carencias y limitaciones y se hayan sobreestimado, o no. El tiempo es el juez silencioso de nuestras decisiones y tarde o temprano revela las consecuencias de nuestros actos.
Por Rayniel De la Rosa
En todo el tiempo
Ágoras Bizantinas
