La congestión vehicular en el Gran Santo Domingo va más allá de los retrasos diarios. Estudios nacionales e internacionales advierten que las largas horas en el tránsito incrementan la exposición a contaminantes, elevan los niveles de estrés y tienen un impacto directo en la salud física, emocional y la productividad de la población.
El problema se produce en una ciudad donde el parque vehicular continúa en expansión. De acuerdo con la Dirección General de Impuestos Internos (DGII), al cierre de 2025 el Distrito Nacional y la provincia Santo Domingo concentraban 2,991,171 vehículos, cerca del 45 % de las 6,640,871 unidades registradas en todo el país.
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Congestión cuesta tiempo, dinero y productividad
La magnitud del problema también tiene un impacto económico. Un estudio del Banco Interamericano de Desarrollo (BID), citado por el Instituto Nacional de Tránsito y Transporte Terrestre (INTRANT), estimó que la congestión en Santo Domingo generó en 2019 unas 75 millones de horas perdidas, equivalentes a 23 horas por habitante y 36 horas por viajero cada año.
El informe calcula que esa demora representa un costo cercano a US$180 millones anuales, equivalente al 0.7 % del producto interno bruto (PIB) de la ciudad.
A ello se suma un estudio de movilidad realizado por el INTRANT, la Agencia Francesa de Desarrollo (AFD) y la consultora SYSTRA, que sitúa en una hora y 15 minutos el tiempo promedio de viaje de los residentes del Gran Santo Domingo, considerando todos los medios de transporte.
Más contaminación y mayor riesgo para la salud
Permanecer durante largos períodos en vías congestionadas incrementa la exposición a contaminantes como las partículas finas (PM2.5), el dióxido de nitrógeno (NO₂) y el carbono negro, sustancias asociadas con enfermedades respiratorias.
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Investigaciones publicadas en Journal of Transport & Health y Environmental Science and Pollution Research concluyen que quienes se desplazan diariamente en vehículos motorizados por zonas de alto tráfico enfrentan una mayor carga de contaminación, lo que aumenta el riesgo de desarrollar o agravar afecciones como asma, enfermedad pulmonar obstructiva crónica (EPOC), infecciones respiratorias y cáncer de pulmón.
El estrés del tránsito también impacta la salud mental
El psicólogo Dioscórides Paulino explicó que la incertidumbre sobre la duración de los tapones mantiene al organismo en un estado de alerta constante, lo que puede intensificar el estrés cuando se combina con presiones laborales, económicas y familiares.
Según el especialista, esta situación puede manifestarse con irritabilidad frecuente, ansiedad antes de salir de casa, agotamiento persistente, dificultades para desconectarse al finalizar la jornada y una reducción de las actividades sociales debido al desgaste que supone conducir.
Para disminuir el impacto emocional, recomienda planificar los desplazamientos con mayor anticipación, aceptar que la congestión escapa al control del conductor, aprovechar el trayecto para escuchar contenido de interés sin distraerse al volante y tomarse unos minutos antes de llegar al trabajo o al hogar para evitar trasladar la tensión acumulada a las relaciones personales.
Los expertos coinciden en que reducir los efectos de los tapones requiere tanto estrategias individuales para manejar el estrés como políticas públicas que fortalezcan el transporte masivo, mejoren la planificación urbana y reduzcan la exposición de la población a las emisiones del creciente parque vehicular.
