El desgaste por la guerra en Ucrania, los problemas de combustible y las restricciones de internet están presionando al Kremlin antes de las elecciones legislativas de este fin de semana. Los sondeos citados sitúan la aprobación de Vladímir Putin en 67,4 %, uno de sus niveles más bajos desde el inicio de la guerra.
El respaldo al presidente llegó a superar el 80 % durante los primeros años del conflicto, pero desde marzo ha perdido entre 15 y 16 puntos, una caída comparable con la registrada en 2018 tras la controvertida reforma de pensiones.
Según VTSIOM, la aprobación recuperó 2,4 % durante las últimas semanas, aunque permanece lejos de los máximos alcanzados desde 2022.
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El desgaste también alcanza a Rusia Unida. Las encuestas independientes le atribuyen poco más del 20 % de intención de voto, mientras las compañías demoscópicas oficiales la sitúan alrededor del 35 %.
La guerra aumenta el cansancio social
El rechazo al prolongado conflicto aparece como uno de los principales factores de presión para el oficialismo. De acuerdo con el Centro Levada, el 59 % de los rusos respalda actualmente el inicio de negociaciones de paz.
El porcentaje bajó ocho puntos desde la última ronda de negociaciones con mediación estadounidense en febrero. A esto se suman los rumores sobre una nueva movilización después de las elecciones, escenario que Putin ha rechazado y calificado como un «ataque informativo contra Rusia».
En 2022, la movilización parcial provocó la salida del país de casi un millón de hombres en edad militar, según la información citada en la nota.
Internet y gasolina agravan el malestar
Las restricciones sobre internet y el bloqueo de plataformas como WhatsApp y Telegram han generado especial rechazo entre jóvenes y emprendedores. El uso de VPN se ha extendido para acceder a servicios bloqueados, incluido YouTube.
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El fundador de Telegram, Pável Dúrov, también llamó a los usuarios a mantener la resistencia digital mediante estas herramientas.
Desde junio, además, Rusia enfrenta problemas de abastecimiento de gasolina después de una serie de ataques ucranianos contra refinerías. Cerca de una veintena fueron alcanzadas en agosto.
El procesamiento de crudo cayó a menos de 4 millones de barriles diarios, un nivel que no se registraba desde hace dos décadas, mientras las colas en estaciones de servicio se extendieron por distintas regiones y los precios aumentaron.
Putin sostiene que solo queda por reparar un 10 % de las instalaciones afectadas, aunque algunas refinerías han tenido que detener operaciones durante hasta seis meses. Las estaciones también recibieron autorización para comercializar combustible de menor calidad e importar carburantes desde India, Kazajistán y Bielorrusia.
El propio Kremlin ha estimado el impacto económico de los ataques en casi 1 % del producto interior bruto, pese a calificar el daño de no crítico.