Margarita Cedeño advierte "ley de la selva" en crimen de chofer

El asesinato del chofer Deivy Carlos Abreu Quezada en Santiago encendió una alerta sobre la escalada de violencia cotidiana en República Dominicana. Para la exvicepresidenta Margarita Cedeño, el hecho no puede verse como aislado, sino como una señal de deterioro en la convivencia social.


Collage de Margarita Cedeño y David Abreu con formas geométricas abstractas azules y negras sobre fondo crema


La también dirigente del Partido de la Liberación Dominicana sostiene que lo ocurrido en el estacionamiento del Palacio de Justicia refleja una dinámica peligrosa: conflictos menores que terminan en tragedia por la ausencia de control y mediación efectiva.


Violencia que escala sin freno

En su artículo titulado "Cuando la calle sustituye al Estado", publicado en medios nacionales, Cedeño plantea que el punto crítico no fue el incidente de tránsito que originó la disputa, sino la decisión de escalarla hasta un desenlace fatal.


A su juicio, la falta de consecuencias claras contribuye a que estos episodios se repitan. Advierte que cuando no hay sanción oportuna, se envía el mensaje de que actuar al margen de la ley no tiene costo, lo que termina normalizando la violencia.


Más allá de endurecer penas

La exfuncionaria rechaza que la solución pase únicamente por castigos más severos. En cambio, propone un enfoque amplio que incluya educación cívica, campañas de concienciación y un cambio en el comportamiento del liderazgo político y social.


Según su planteamiento, no es coherente exigir respeto a la ciudadanía si desde los niveles más altos se reproducen prácticas de confrontación o abuso. Para ella, el ejemplo desde arriba es clave para modificar conductas en la base social.


Cedeño advierte que lo que está en juego trasciende la seguridad: se trata de la calidad de vida colectiva. En un entorno donde cualquier discusión puede derivar en violencia letal, la confianza desaparece y el espacio público se transforma en un foco de riesgo constante.


La exvicepresidenta concluye que la indignación no basta. Insiste en que el país debe cuestionarse qué tipo de sociedad está construyendo y actuar con urgencia para evitar que la violencia se imponga como norma.

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