La segunda jornada de conversaciones de paz entre Ucrania y Rusia en Ginebra concluyó abruptamente tras apenas dos horas, dejando en evidencia que el control del Donbás sigue siendo el principal punto de fricción.
Las negociaciones, auspiciadas por Estados Unidos en Suiza, se producen a pocos días de que la guerra cumpla cuatro años. Ninguna de las partes quiere aparecer ante Donald Trump como responsable de obstaculizar una salida dialogada.
Rusia: negociar sin ceder
El jefe negociador ruso, Vladimir Medinsky, aseguró que las conversaciones "van por buen camino" y adelantó que habrá nuevas rondas, sin fijar fecha. Moscú busca proyectar disposición al diálogo, lo que le permite evitar más presión internacional y posibles sanciones, mientras mantiene su posición sobre el terreno.
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Rusia insiste en que Ucrania debe retirarse de territorios que aún controla en Donetsk, una exigencia que Kiev rechaza.
Ucrania: avances limitados y presión política
Por parte ucraniana, el jefe de la delegación, Kirilo Budanov, calificó el encuentro como "difícil, pero importante" y afirmó que se registraron avances, aunque sin revelar detalles. Rustem Umerov agregó que se debatieron parámetros de seguridad y mecanismos para implementar posibles soluciones.
El presidente Volodímir Zelenski sostuvo que Rusia intenta retrasar deliberadamente el proceso y subrayó la necesidad de garantías de seguridad para su país.
Kiev busca mantener el respaldo de Washington y, al mismo tiempo, ampliar la participación europea para evitar una negociación asimétrica.
Tensión diplomática y próximos pasos
Según reportes de RIA Novosti, tras el cierre formal hubo una reunión privada adicional entre Medinsky y la delegación ucraniana. Fuentes citadas por Axios apuntan a desacuerdos en el panel político como causa del estancamiento.
Aunque ambas partes coincidieron en continuar el diálogo, el escenario sigue marcado por desconfianza, posiciones firmes y un conflicto que se acerca a su cuarto aniversario sin una solución concreta a la vista.